lunes, 25 de marzo de 2013

Otro día, otra noche

Otro día se levanta, otro día se despierta y que sentido tiene si todo es igual, todo esta mal.
Otro día hoy brilla, otro día encuentra su cielo envuelto en nubes, pero dicho esta. Lo mismo es para cada uno de ellos, el mismo mal. ¿Sera esta la despedida, sera este el final?.
Otra noche que deslumbra, otra luna sin igual, pero seguís estando allá. Y entonces todo sigue igual, todo esta mal. Otra noche que diluvia, otra noche que se nubla y, ¿que escenario mas perfecto podría soñar ese final? y que actor desesperado por despedirse en su escena trivial. 
Pasan y parece que marcan el tiempo, o así dicen, otras 24 horas que se han ido, que se suman al pasado reciente. Pasan y parece que destrozan al tiempo,o así siento, otras quien sabe cuantas horas pensando en ti, que se suman al pasado creciente. Y el eco le susurra al vacío "¿Sera esta la despedida, sera este el final?".
No quedan razones, aunque una sola basta, no quedan aquí en el corazón. Es que no queda corazón, no existe. No quedan intenciones, ni ilusiones, ni momentos. No queda nada ya de mí, salvo esa maldita gota de esperanza. Salvo el silencio que ya no alcanza.
Otro día se levanta, otra noche lo acurruca y que sentido tiene si todo es igual, todo esta mal. ¿Sera esta la despedida, sera este el final?.  Y el actor desesperado por despedirse en su escena trivial. Y solo una pregunta resta por contestar, ¿Cuando su momento llegará, cuanto tiempo más se dejara pasar?...    

viernes, 22 de marzo de 2013

Como explicar

Como explicar el dolor que puede causar el dar respiro tras respiro con el afán de continuar la rutina establecida por este don de humanidad que reside en mi ser, solo por evitar la pena ajena y no mostrarse cobarde ante una adversidad que ya ha superado mis fuerzas. Como decir que no quedan palabras que pueda desglosar mi lenguaje si vuelta tras vuelta me enfrento a una hoja en blanco y desparramo las frases que describen lo perfecto de esta soledad ineludible, incansable. Como explicar que la muerte del alma puede darse antes que la del cuerpo, y si así ocurriese las consecuencias de su perdida podrían ser tan severas como el quiebre mismo de la existencia, como la destrucción total del sueño, de la calma. La perdida completa de fe en uno mismo y en cada sujeto y objeto que rodea una totalidad abrazada cada vez con mas compromiso a una obscuridad siniestra, tan adictiva por lo simple de su devoción. No necesita mas que lágrimas y la entrega total a este dolor el cual se trata de explicar letra por letra o día a día. Y aun así no lo logran entender, no lo pueden ver.
Amar, dicen los amantes, es para toda la vida. Se aferran los participes del sentimiento a un desenfreno exquisito que describe los mas sincero y real que habita dentro de ellos y lo exponen sin temor compartiendo     sus emociones con el resto del planeta, ya no temen sentir, ahora es todo lo que son. Magia, eternidad, sueño, fuerzas, ganas, voluntad. Sacrificio, comprensión, pasión  sexo, emoción, locura, realidad. Son seres convertidos a una religión puramente gestada en lo mas hermoso de la creación. Se convierten de simples mortales, en almas eternas, en almas de amor. Pero callan los amantes, callan lo que temen. Por el bien del sentimiento, de su emoción.
Como explicar el dolor que puede causar el dar respiro tras respiro guiado por la férrea tenacidad que mantiene la ultima gota de esperanza que habita en mi ser, como explicarle a ella que a pesar de su convicción no hay quien pueda descifrar su magia esta vez. Como hacerlo si se a vuelta inexorable a mis suplicas, a mis rezos. Si ya no escucha el resonar de esta agonía que hoy es todo lo que va quedando de lo que alguna vez fui o pude ser. Como decirle si es insurgente a mis propias peticiones. Como matarla, a la maldita esperanza, como desterrar su ingenuidad. Por favor díganme,  puesto que ya no encuentro formas ni razones para negarle la existencia. Y lo que callan aquellos que aman, es lo que una vez glorificaron, su propio amor muerto hoy de destino, muerto hoy de comprensión.
Amar, dicen los amantes, es para toda la vida. Amarte, digo yo, es para toda mi eternidad...

jueves, 7 de marzo de 2013

El coleccionista de sonrisas

Resplandeciendo el va, surcando el verde de la pradera. Brillante e incesable, tan magnifico y tan parte tuyo, madre existencia, tan hijo de tu seno eterno. Allí va sumido a su calma tanto como a su templanza, sumido a su ser. Viaja atravesando tiempos y distancias, mas sin equipaje, sin cargas. Resplandeciendo el va, surcando mares, montañas, lagos o el verde de la pradera. Saltando de sonrisa en sonrisa, deleitándose, jugando a comprender el significado de la vida y tal vez; tal vez este cerca. El vive de su esplendor iluminado por cada chispa que nace de alguna risa. Nace una y otra vez cuando un beso atraviesa la barrera del deseo y desembarca apasionado y prisionero de aquellos labios que hacen creer que todo es posible. Respira su alegría incansable, insaciable. El cree con la firmeza y la fuerza suficiente como para ejercer el propio balance entre bien y mal, el solo, pero por todo el mundo. Y si cree, es por que existen ellas, sus musas. Haría lo que fuera por protegerlas, dejaría extinguir su propia luz si acaso fuera necesario para mantenerlas a salvo. Y da todo por verlas nacer, crecer. Por verlas soñar, a todas por igual, todas son importantes y tan parte tuya, madre existencia, tan hijas de tu seno eterno. Allí va, resplandeciendo el va, saltando de sonrisa a sonrisa, coleccionándolas, adorándolas. Allí va y, ¿cual sera su nombre?...su nombre es bondad. 

lunes, 18 de febrero de 2013

Allí (en el limbo)


Allí están todos en contemplación de su propia fe. Todos y cada uno, buscando una respuesta que los defina o tal vez algún milagro caído del seno de un dios apacible o vengativo, a algunos de ellos ya les da igual. Allí corretean sobre los verdes prados, sobre la creciente maleza bajo el manto interminable de celeste manchado de blanco, y ese gran punto anaranjado que desde su trono desciende con sus brazos y los refleja sobre ellos, gestando cada una de las obscuridades pertinentes. Algunas sombras mas claras, degradadas por el tiempo quizá, algunas incompletas. Algunas casi desaparecidas, extintas. Algunas más obscuras, más lúgubres. Y uno solo tan concentrado en su obscuridad, tan silenciado, dañado, que ni la propia noche se atreve a apagarlo. Firme ante el sol y la redundante sombra, guardando misterios inclusive para si mismo.
Allí están todos, sin voz ni voto. Censurados, desterrados, despreciados tal vez. Quizá heridos por su propia cobardía o atormentados por la culpa. Todos están allí, en movimiento, sin cansancio. Buscando esa respuesta que los defina o ese maldito milagro que los devuelva a la vida. Algunos desesperados, entregándose poco a poco al destello impaciente de la locura, algunos inquebrantables. Eternos en su búsqueda, ilusos podría decirse. Algunos con tanta esperanza en su existencia que llegan a convencer a su verdugo y renacen. Otros agonizantes, expectantes de su trágico final. Y uno solo en silencio, sereno, inmutable ante el paso del tiempo y ante si mismo. Acompañado por su soledad y solo ella lo entiende.
Allí están todos, correteando desenfrenados, distintos pero iguales. Distintos en pasado, presente y futuro, distintos en motivos e intensidad. Pero iguales en esencia. Allí están, y no saben por cuanto, y algunos ni siquiera porque. Jugando su última carta, pelando contra quien sabe que razones o circunstancias, resistiendo todo por el simple hecho de sentir. Algunos inseguros de si mismos, otros con la confianza indestructible, tan peligrosa como ciega. Algunos ya sin ganas y buscando su muerte, otros renacidos, pero en otros cuerpos, con otros nombres. Infieles podría decirse, infieles a su propia fe. Y uno solo sentado, alejado de cualquier multitud. Exiliado de si mismo tanto como de los otros que lo rodean, obscuro, dañado. Sin cartas por jugar, sin fuerzas para pelear.
Allí están todos ellos, los que nacieron de la pureza gestada entre el vientre mismo de la magia y el sentimiento. Aquellos que descubrieron el lugar exacto en donde se esconde el paraíso. Allí están en su especie de limbo, los amores que no pudieron ser, censurados, desterrados, despreciados tal vez. Todos y cada uno buscando una respuesta que los defina o tal vez algún milagro caído del seno de un dios apacible o vengativo. Y uno solo concentrado en su obscuridad, en silencio, sin fuerzas para pelear… 

lunes, 4 de febrero de 2013

Amor…




Quien pudiese culparlos de cometer algún delito o atreverse al pecado, si son solo niños, su inocencia los define. Ríen sin medir el tono de sus risas y colorean una y mil veces cada uno de los matices de la alegría. Separados de la realidad y tan abrazados a ella que parecen formar parte. No hay silencios que hieran, no hay palabras que odien. Todo parece nacido del propio suspiro de la belleza en si, todo parece calcado tal cual lo dicta el corazón. Sentimiento y emoción volcados a un solo propósito, llenando de dicha al ser, dándole luz, paz. La locura se torna tan consciente  tan dicha que comporte opinión con la razón. Los grises, las dudas, los miedos, lo malo de ser se hace a un lado y se deja convencer por tan inmensa denotación de cambio, por tanta felicidad bruta. Las leyes de gravedad son desafiadas, quizá hasta puede volar sin alas, puede atravesar el tiempo y el espacio y enfrentarse a ambos con la férrea convicción de seducirlos a no alterar la magia que se gesta entre ellos dos, solo para ellos dos. Se funden por completo dando vida a una sola existencia, con un solo propósito. No les importa lo que dirá, no les interesa siquiera lo que pase de ahora en más. Si el destino existe y así se manifiesta, o si la suerte es tal vez culpable. Si es parte de un cuento de hadas, una fabula o una historia mágica. Nada importa porque ellos ahora sienten juntos. Y si hasta el amor ya dio su visto bueno y no les saca los ojos de vista. Ahí van entonces, indulgentes, incoherentes, desquiciados tal vez. Locos, equivocados, perdidos. Pero seguros, y sobre todo…sobre todo felices. Ahí van entonces, el ser humano y su sueño, amando tan fuerte como lo dicta su propio sentimiento. Y quien pudiese culparlos de cometer algún delito o atreverse al pecado, si son solo niños, su inocencia los define…    

martes, 29 de enero de 2013

Mi creencia…



No voy a mentir otra vez pero cuando diga la verdad quiero que me entiendas. No que me ayudes, no que me salves. Que realmente me entiendas. No habrá palabras endulzadas, o frases literarias. No habrá poesía contenida en estas letras. Seré sincero como el latido que punza más fuerte en mi pecho cada vez que digo su nombre. Un estremecedor suceso de verdad. Y es que ya no quedan más fuerzas, no podrían quedar. Se fue la dulzura, la emoción. Que va, solo queda la tristeza. No hay rastro de brillo en mi alma. Se entrelazan entonces y en soledad, la culpa, el amor, el dolor y la maldita esperanza. Ya inocente y desesperada. Descreída, pero en fin, esperanzada. Ya no quedan sonrisas que llenen o momentos que inspiren ganas en mi ser. No queda tiempo que contenga tanto olvido. Y olvido necesito. Olvido o muerte. Purga mi alma sin velo yaciente en el ultimo suspiro proclamado por mi corazón y vaga ahí sus lamentos, y cumple allí su condena. Y me hiere con la contundencia de siglos que se  asemejan con lo eterno. Todo es un eco, repite y repica en el viento, en el tiempo. ¡En cada sentimiento!, grito. En todo momento, desahogo en susurros. Siempre repite y que repite; su nombre. ¿Cuál será la solución, cual la locuaz respuesta que libere de tal responsabilidad a mi alma?, quien pregunto. Quien. ¿Quién se atreverá a arrebatarla su amor? Repito puesto que mis frases no acarrean más que confusos argumentos. Confusos va, para quienes lean. Bien claras son mis intenciones. No hay poesía contenida en estas letras. Soy sincero como la distancia que nace de este silencio que ensordece y asfixia la empatía en mí, la ternura. No trasluce otra cosa que no sea realidad, no son palabras a lazar, son sentimientos bien marcados, tangibles. Tan reales como la aspiración de grandeza que pretende dominar la noche cuando se enfrenta a la magnificencia de tu belleza, sabiendo aun que ni sus estrellas ni el resguardo de su serenidad se atreverían siquiera a rozar la divinidad que te rodea. No voy a mentir les dije, y es que no quedan fuerzas. La vida sigue con todo, no voy a negarlo. Sigue con la misma gente por la que estoy agradecido. Sigue con sus horas, sus idas. Sus vueltas, su compás ineludible. Sigue ella pero no yo. Y como quisiera despegar de este suelo que maltrata mi cuerpo y entregarme a algún sentimiento, cualquiera sea. Como quisiera que existiera un lugar sin su nombre. Pero a pesar de mi incomprensible deseo y su intensidad, nada vuelve realidad lo imposible. Claro que imposible solo es lo que así se cree. Por eso me juzgan, por eso no entienden. No tengo toda la razón del universo, no la necesito. Tengo mi razón, la única que me define. ¿Y acaso no pueden ver que solo es cuestión de fe?, acaso se atreven a poner en juicio el poder de una férrea creencia, el revitalizante fervor que incinera la sangre y la revoluciona, y el cuerpo y su vida, ¡cuanta vida!, tanta emoción descifrada y toda contenida a punto de estallar y elevarse y tan solo… tan solo su nombre devela semejante poder. Un sin fin de imágenes montando una perspectiva constante que proyecta solo alegría, solo explica la realización absoluta de un ser, creado por dos, y en absoluta obediencia a ellos dos y nada más. No quise pero tampoco me resistí al hecho de que su nombre y su piel fuesen lo único que defina lo que el amor sugiere. Así sucedió y así se siente. Aun hoy, aun tan fuerte. Y si no creyera en lo que siento, que seria de mi alma, que seria en mis adentros. Lo que hoy soy, la nada de un sentimiento, el silencio y el desprecio. Seria todo lo que no intento. Un cuento sin final, una idea sin aliento. Tal vez no estaba calculado, tal vez no fue obra del destino. O quizá esto sea la puesta en escena que nos brinda la vida, no lo se. Pero ya no importa la razón o la creencia. Lo que importa es lo que siento. Y estas letras no contendrán poesía, les digo y no les miento. Solo dirán la verdad, develaran el misterio. No hay vida que valga tanto como para vivirse sin tu compañía. Y no quiero que me ayudes, no quiero que me salves. Quiero que me entiendas a mí, o a mi sincera creencia…       

martes, 22 de enero de 2013

Palabras


“…Soy la sombra que carece de luz y resplandece vanamente en la existencia. Soy la lágrima ardiendo en lo profundo del alma, brotando de su plena obscuridad, arrasando con la esperanza desecha, soy…” 

Palabras. En ocasiones lo que somos, en otras lo que nos define. La manera sencilla de comprenderse que tienen los seres y …¿Me comprenden?. Están ahí en al aire, jugando a ser verdades o vistiéndose de mentiras. Algunas alcanzan la simetría perfecta que se gesta entre sentimiento y razón creando la maquinaria que empuja o retuerce, que brinda la fuerza que como humanos requerimos para vivir. Puesto que algunas palabras, dichas con certeza, confianza y sinceridad, emocionan. Dejan nacer lágrimas o sonrisas. Dudas, o caricias, besos, misterios, heridas. Sentimientos, dan libertad a nuestros sentimientos. Y que seriamos sin ellos, no lo se, seres de piedra, de cal o de arena. Seres de viento pero no humanos. No seriamos nada si no fuésemos capaces de apreciar la absurda creencia de eternidad que nos da la sensación de amar, su volatilidad, su magia. La esperanza incasable, la capacidad de superar la cruzada más mortífera y ser inmune a la crueldad, a la obscuridad. La insaciable capacidad de resumir lo hermoso del universo en tus ojos, tu sonrisa o tu completa e inmaculada divinidad. No seriamos nada sino temeríamos a la muerte, a lo desconocido. Sino sintiésemos dolor, calor, frío. Sin llanto y sin sonrisas no seriamos más nada que la misma nada en si.
Palabras. De sobra, de falta. Que rebotan cual eco perdiéndose en lo hondo del vacío. Que chillan o truenan. Que describen y comunican. Que se escuchan, pero con atención, para entenderse, no sobrándolas, no ignorándolas y…¿Me escuchan?. Son reflejo de lo que se lleva dentro y nunca exageran, ¿Cómo podrían hacerlo si nacen de los sentimientos?. Son hijas de aquella maquinaria que empuja o retuerce, son la mera expresión de nuestra vida. No se equivocan, no pueden hacerlo. Su naturaleza es la férrea convicción de denotar pureza y sinceridad. Y si suenan cursi y por ello en sus oídos se oyen falsas o descreídas, ¿Quién será el culpable de no comprender?, el poeta que trasluce su alma y en frases comprende su pena o su gloria, o quizá y tal vez, sea culpa del lector u oyente. Del destinatario. No se puede sentir por otro, ni sentir como otro. Pero se puede intentar entender lo que ese otro nos cuenta.
Palabras. Mi proclamada tumba, mi lecho. La sentencia de por vida que arrastra mi alma. Palabras que me definen, como muerte, o como nada. Como silencio o punzante tristeza. Decepción, vergüenza. Como la desesperanza y…¿Me sienten?. Son mías para quien las quiera, y quien las quiera que las lleve. Pero que las comprenda, las escuche y las sienta. De otra forma, que las olvide. Porque no son mas nada que el todo que define mi ser. Mi lado obscuro, mi eterna condena. Mi soledad inconfundible.
Palabras. Que no serán como esperaban, que no dirán lo que esperan. Palabras que son solamente palabras, o quizá y tal vez sea culpa del lector u oyente…